martes, marzo 20, 2007


Hay, cerca del mar,
un lugar al que retirarse.

Un lugar
desde el que salir a pescar,
desde el que contemplar el tiempo.

Un lugar para vivir
esta vida,
y alguna otra que pueda venir.

Hay un lugar
cerca del mar
donde desabrocharse
la camisa,

hay un lugar
cerca del mar
donde hacer volar
mis poemas.

Pero si vas a llegar
eso nunca lo sabes,
aunque casi acaricies
su superficie
con tus dedos.

Tal vez mañana,
o pasado,
o el año que viene.

O nunca.

Tal vez ese
lugar exista
para seguir viviendo.

Para conservar
la esperanza
de no perder la cabeza.

Allí estás ahora mismo,
aunque tu cuerpo
siga metido en tu coche,
en una calle infestada
de tráfico.

Porque todos los días
te haces la misma
pregunta.

Y todos los días
te falta rellenar el hueco
con lo que quieres oír.

lunes, marzo 12, 2007


Te dedico
un terrón de azúcar
en café caliente.

Esperando
en un sillón rojo
a que se apaguen las luces.

Te dedico
una habitación
de espaldas al mar.

Te dedico
un jardín
de sauces llorones.

Pasando
las horas
delante de tu ventana.

Asómate
para que pueda verte.

Asómate
y salta a este jardín húmedo.

Te dedico
esta noche,
o cualquier otra.

Te dedico
los minutos
que tardé en escribir
esto.

Te dedico
un trozo de mi vida,
aquel que nunca sé
cómo utilizar.

Te lo dedico hoy,
y mañana quizás también.


Y si te gusta
podremos repetir,
si quieres,
si al final te convence,
si todo esto
te puede emocionar
lo más mínimo.

lunes, febrero 26, 2007


Tengo tres billetes de cinco
en mi mano derecha.

Y un poema a medio escribir.

Tengo la mente en blanco
y los bolsillos
demasiado vacíos.

Y hace horas
que el desierto
se tragó mi cama

Todo esto debería
ser suficiente
para hacerme
reflexionar.

Pero aún
creo que queda
demasiado camino
por escribir.

Para luego decirte
que sigo aquí,
que puedes contar conmigo
si no me ahogo
al llegar a tu casa.

Ha amanecido
sin cielo,
con una lluvia
de pájaros muertos
en cada rincón.

Y tres billetes de cinco
no cambiarán nada,
no harán correr el tiempo
más despacio.

Pero al menos,
por ahora,
me mantienen ocupado.

Me permiten alargar
los minutos
que tardo
en cerrar mi boca.

Los minutos
que me faltan
para dar por terminado
el día.

domingo, febrero 25, 2007


Puedes tener
cientos de horas reservadas,
bebida y comida
para una vida entera.

Puedes tener
la mesa clavada al suelo,
y lámparas de reserva
por si estalla una tormenta.

Varios pares de zapatos,
música para cada momento,
e incluso un teléfono
para hablar con algún amigo.

Puedes, si quieres,
rodearte de toda la seguridad
que te permitan tus manos.

Y respirar tranquilo
creyendo que nada fallará.

Pero,
tal vez,
sólo haga falta
un leve golpe de viento
para tirar la torre de naipes.

Un cambio inesperado
para que el mapa deje de marcar
cómo llegar al tesoro.

Tal vez sólo tengas
que plantearte quién eres,
qué estás haciendo,
para dejar abandonado
todo.

Porque realmente,
al final,
nada,
absolutamente nada,
puede quitarte la sensación
de que no vales ni un céntimo.

Nada te hará frenar
cuando abras esa ventana
y esta mañana el suelo
no parezca tan lejos.

viernes, febrero 23, 2007


Estás a punto de decir adiós,
hacer las maletas
y tachar de la lista
todas tus camisas.

Estás a punto de escribir
esa nota que lo explica todo,
“No aguanto más, me voy”

Pero poco a poco,
sin darte cuenta,
alargas el final.

Aún conservas la esperanza
de que alguien aparezca
para frenarte,
alguien que te explique
por qué ahí fuera
aún sale el sol
cada mañana.

Y tus zapatos
avanzan más lentos
de lo habitual.

Y tus ojos
comienzan a teñirse
de lágrimas.

Hoy ha sido un día duro,
realmente
demasiado duro.

Pero todo acabará
en breves momentos.

Y cierras la puerta
detrás de ti,
y dejas las llaves en el buzón.

Esta noche espera
algún parque cercano,
algún cartón de vino.

Para mañana
empezar de cero,
con nada en los bolsillos,
con las manos llenas
de esperanza falsa.

Cuando te despiertes
y eches de menos
todo lo anterior.

Cuando a cada paso que des
dejes de sentir
la persona que eras.

Y olvidar,
gradualmente,
todo el daño acumulado.

Para de nuevo sonreír,
o al menos forzar la mueca.

Y entonces, un día de estos,
sentarte a escuchar la música.

Mientras a tu casa
nadie vuelve.

Mientras ella se fue
antes que tú.

Con todos tus libros,
con toda tu vida por delante.
Bueno, hoy la actualización va por partida doble, primero me toca decir séis cosas raras de mí.. a ver, empezaré:

1. Me encantan los objetos, soy un enamorado de los objetos, y ello me lleva a tener mi habitación llena de trastos (algunos de los que lean esto lo pueden corroborar). Hasta tal punto que cuando en Madrid se hacían las recogidas de objetos que la gente tira, quedaba con un amigo para pasear y buscar cosas. También me gusta mirar en los contenedores de obra a ver que han tirado.

2. No me gusta nada que los vecinos puedan ver lo que hago en mi habitación, por lo que siempre que estoy al ordenador (que es cuando pueden verme) bajo las persianas aunque me quede sin luz.

3. Hablo solo, pero no solamente comentarios sin más, llego a mantener conversaciones a dos personas yo solo. Preguntándome y contestándome. (Esto me ha supuesto alguna mirada rara mientras camino por la calle)

4. De pequeño cuando me enfadaba me daban ataques de ira y rompía todo, hasta un día que arranqué la puerta de mi armario a portazos y decidí controlarlo.

5. Hace tiempo vi un fantasma en mi habitación, al lado de mi cama, (no es coña), acercándose hacia mí, y sólo desapareció cuando encendí la luz.

6. Soy un enganchado de la música, es algo que hago continuamente, escuchar música, desde hace muchos años, aunque sólo tenga que bjar a comprar el pan delante de casa.


(Nota: corregida "hira" por "ira", jajjajajjjajaj)

sábado, febrero 10, 2007


He instalado una escalera
en mi salón,
al lado de la ventana.

Una de esas escaleras
que abiertas
forman una A.

Y me siento
en su último escalón,
con mi acordeón sobre
las rodillas.

Y toco alguna canción.

Mientras
en el suelo
están mis zapatos
como maceta
de unos girasoles.

Nadie puede
explicar por qué lo hago,
ni siquiera yo.

Pero allí arriba
nada me alcanza.

Allí arriba
sólo tengo que preocuparme
de acertar en la siguiente nota.

Porque dentro de un rato
bajaré
y volverás.

Y guardaré la escalera.

Y hasta mañana,
cuando lo repita de nuevo,
no me sentiré
libre de verdad.

Cuando abandones mi casa
deja la nevera abierta,
me gusta creer
que alguien me acompaña
mientras me peleo
conmigo mismo.

He roto mi voz
para engañarte,
para no contarte
que ayer lloré,
que no se me hace
duro
arrojar mi sombrero
por la ventana.

No sé
si esto está hecho para mí,
no sé si hay algo
que lleve mi nombre.

Ya que ahora,
solo, en este hotel viejo,
enciendo la radio
para encontrarte en cada voz.

Creo que usaré
mis últimas monedas
en cenar contigo,
en algún punto del paseo,
para morirnos del frío,
para dejar de morirme de miedo.

lunes, febrero 05, 2007

EXPOSICIÓN


He expuesto de nuevo en la librería Arrebato en Malasaña... en el panel de fuera, el que da a la calle.. son siete poemas... para el que quiera pasar a verlo... espero que os guste...

...muchas gracias...

...siento los retrasos al actualizar... pero últimamente no me gusta demasiado lo que escribo...


...cosas del directo... jajajajaja....

Esta noche
llévame a casa,
sólo tienes que deshacer
el camino que llevo andado,
te será fácil reconocerlo,
fui pisando todos los charcos
que encontré a mi paso.

Me abrazo a tu cuello
y andamos,
este beso en la mejilla
te lo presto hasta
que te acuestes
en mi cama.

¿Te has fijado en el río?
Parece que los pájaros
decidieron quedarse dormidos,
no suena nada
a nuestro alrededor
y en cambio puedo ver
con claridad el reflejo
de mi cigarrillo.

A lo lejos ha empezado
a escucharse una ambulancia,
dentro alguien pide
que le dejen morir,
sólo quiere abrazar
a su mujer una vez más.

Podrías decirme
“te quiero”

o algo que rellene
este silencio.

Mañana por la mañana
te llevaré el desayuno a la cama,
y te enseñaré canciones
que nunca he compuesto.

Si quieres las puedo escribir ahora,
al fin y al cabo mi casa
queda en el otro sentido
y este parque es tan grande
que invita a perderse en él.

martes, enero 30, 2007


No es miedo a la caída,
es miedo a asomarse a la ventana
y ver el bosque consumido en llamas.

Es mantener la cabeza alta
o esconderse detrás de un árbol
y observar el mundo sin uno mismo.

Es que se agarre a tus entrañas
y te devore lentamente.

Es luchar contracorriente,
es destrozar cada día
la estructura establecida.

Unos pocos dicen que está bien,
y mientras otros tantos
se dedican a mirarte de reojo,
apuntando con el dedo,
riéndose entre dientes.

Cuando te das cuenta
de que no te gusta
lo que te contaron,
cuando ves que al príncipe
no le gusta luchar contra el dragón.

Es permanecer alerta,
con los ojos abiertos,
la mente despejada,
y echar a correr
sólo
en el momento necesario.

Porque el resto del tiempo
hay que estar ahí,
sentado,
desplegando un ejercito
que te empuje a continuar.

Recuerdo sus calles
y el placer de recorrerlas,
la sensación de deambular
sin rumbo fijo,
el doblar esquinas
al azar.

Recuerdo
la sensación de libertad,
caminar día tras días
y nunca cansarse.

Hay sensaciones
que no se pueden medir
si no es con la sensación
en si.

Y es que cuando
encontramos nuestro lugar,
cuando unas calles
nos hablan
mientras las cruzamos,

entonces
la vida crece
y podemos acariciarla
por unos instantes.

Aunque momentos después
nos detengamos
a buscar un lugar en un mapa,
aunque nos distraigamos
y perdamos la atención.

Cuando se saborea la vida
se quiere poseer
ese momento,
retenerlo,
saber que volveremos
a percibirlo.

Volver, una vez más,
a ser nada y todo
en dos
miserables calles.

jueves, enero 25, 2007



Espero que aún quieras verme dormir
una vez más.

Espero que aún te sientas atraída
por caminar en la misma
acera que yo.

Ya sabes
que busco la sombra de los edificios,
la intimidad de esas calles
donde nadie tiene nombre.

Y poco a poco llegar a algún sitio
en donde pedirte un abrazo,
aunque al final nunca estás,
y entonces me conformo
con echar una mirada al cielo.

Hay pocos momentos
tan intensos como vaciar
una ciudad a primera hora de la mañana.

Cuando el frío aún es húmedo
y no te puedes abrigar.

Caminando sin rumbo alguno
y cualquier sitio es bueno
para pararse
y mirar alrededor.

Realmente espero que me acompañes
estos días,
en los que hacer todo y nada
ocupan el mismo lugar
y espacio.

martes, enero 23, 2007


Quieres bailar
mientras todos
regresan a casa.

Un tanto aturdida
porque sabes
que tu cama
te espera vacía.

Y trazas una línea
de tiza
en el asfalto,
y la calle se convierte
en la arena
de un enorme circo.

Con las ventanas
iluminadas
presentando a sus artistas.

Con equilibristas
y trapecistas
que secuestran la noche
en sus bolsillos.

Porque sigues soñando
que te aplauden,
y que,
al final,
te espera
una ducha caliente.

viernes, enero 19, 2007


Te podría contar
que me he quedado
toda la tarde
leyendo,
escribiendo,
pintando,
tocando el piano.

Pero te diré la verdad,
y entonces sabrás
que en mis libros
las letras se habían descolocado,
mi cuaderno escapaba por el balcón,
un reguero de óleo me demostró su suicidio,
y mi piano había estado bebiendo
y no se acordaba de cantar.

Te podría contar
que he sido feliz a tu lado,
que echo de menos
cuando me pedías un abrazo,
que duermo en el sillón
para no preguntarme
por qué no estás.

Te podría contar tantas cosas,
pero muchas de ellas
ya las sabrás
y otras ni siquiera
se me ocurrirán a mí.

Así que mejor
seguiré aquí,
con la luz de esta lámpara
iluminando la mesa
y los pies fríos por la humedad.

Y mañana, quién sabe,
puede que tenga algo
nuevo que contarte.

Quizá que me enrolé en un barco,
quizá que me tocó la lotería,
o quizá, simplemente,
te diré
que hay mil cosas que te podría contar.

martes, enero 16, 2007



Mientras te espero
alguien está gritando
en su habitación.

Desde mi ventana
sólo percibo su figura
tras la cortina,
pero puedo diferenciar
dos cuerpos.

Quién sabe
si hoy ya no dormirán
juntos,
si ella le está diciendo
que es mejor dejarlo,
que necesita un tiempo,
que se ha enamorado
de otro.

Por eso
mientras espero
enciendo un cigarro
y dejo que se consuma
sin llevármelo
a los labios.

Porque
ese hombre
quizá mire por la ventana,
quizá piense
que merece la pena
saltar y dejar todo atrás.

Y entonces,
si me ve,
le ofreceré una calada,
aunque sé
que está demasiado lejos
como para alcanzarlo.

Pero quién sabe,
tal vez nunca llegues,
y éste sea el único
pasatiempo
mientras me doy cuenta
que hace rato que me miro
al espejo.

domingo, enero 14, 2007


Esta historia tiene un final feliz,
un final de esos de película,
un final de tres letras,
un final con el beso de la pareja,
con el aplauso del público.

Aunque ahora
haya dejado de leer
y la cafetera no funcione
como debería.

Pero esta historia
tiene un final feliz.

Aunque no disfrute
de la música que pongo,
aunque haga frío
y no encuentre el modo
de aplacarlo.

Y tiene un final
feliz
porque todo eso que ocurre
le da sentido a estar aquí,
le da sentido a tirar la ropa
por la ventana
y bañarse a las tres
de la mañana.

Le da sentido
a una lámpara sin bombilla,
a un alquiler demasiado caro,
a un edificio con mal olor.

Le da sentido
porque elegirlo
fue la clave,
porque yo fui quien quiso
que todo sucediese
como te lo cuento.

Y el final feliz se lo das tú,
cuando en media hora
entres en mi coche
y me saludes con un beso.

jueves, enero 11, 2007


Necesito
más de dos vidas
para poder entender
por qué de vez en cuando
nada parece funcionar,
por qué si te miras en el espejo
y éste te refleja
siempre te ves desmejorado.

Necesito
más de dos vasos de vino
para abrazarte esta noche
y sonreír un rato,
hace horas vi tus manos
recorrer demasiadas
cicatrices.

Necesito
tantas palabras
que he quemado cientos
de diccionarios,
y aún así se quedan cortas
para acabar bien
este poema.

Te querría contar
que ayer lloré,
que me acordé de cuando
aún sonreíamos juntos,
de esa época
que ahora
queda tan lejos.

Pero sólo pude dormir
y olvidar,
hacer que todo se apagase
y esperar,
al fin y al cabo dicen
que mañana
siempre será otro día.

Esperemos que al menos
varíe realmente,
y si no, bueno, ya sabes
dónde encontrarme.

Las calles se hacen tuyas
con un cigarrillo en tus manos,
o con un café caliente
en un vaso de cartón.

Con la camisa nueva,
los zapatos gastados,
y un mapa que indica
donde te perdiste anoche.

Porque eres invisible
cuando nadie repara en ti,
cuando tu hueco está
marcado en el suelo,
cuando sabes tu nombre
y el dinero guardado
en tu bolsillo.

Con el frío en tu cara,
y el vaho
haciendo el amor
con esos ojos verdes
que no cesan
de mirarte.

sábado, enero 06, 2007

Si fuera está nevando

alguien olvidó

tu nombre

esta noche.


Alguien que busca

en su cama

un lugar seguro

donde evitar

el vértigo.


Mientras

en la calle

la nieve calma

el insomnio

de la ciudad.


Con demasiado peso

en cada una

de tus manos

y el frío

entre tus dedos

atrofiándolos.


Nunca antes

una pared

pareció

un pasillo sin puertas,

el muro

contra el que

golpear

tus sueños.


Y te muerdes

el labio

para despertar,

aunque

la sangre te indica

que es hora

de asumirlo

todo.


Mientras

en la calle

se congelan

las parejas

en los parques,

mientras

sólo buscan

darse calor

mutuamente.