domingo, octubre 16, 2005


Como todos los inviernos, por la noche, nos quedábamos en el desván mirando a través de la ventana. Allí tumbados me explicaste como reconocer las constelaciones por la posición de las estrellas. Un año, coincidiendo con mi cumpleaños, te pedí que me regalases una estrella. Y en vez de eso, pasados dos días, me trajiste un bote de cristal lleno de botones. Ahora, en mi habitación, tumbado en la cama, vuelvo a diferenciar la osa mayor de la osa menor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué cantidad de chaquetas podrán abrocharse con tantos botones...

pequeñuela dijo...

esto lo ha escrito pablito seguro seguro ....