viernes, abril 13, 2007


Hace más de seis años
vi morir a mi padre
en una cama de hospital.

Y no hubo música,
no hubo ninguna canción triste,
no hubo espectadores
con lágrimas.

Porque
cuando ves la muerte
tan de cerca
te das de bruces con la vida real.

Y es más jodido
que cualquier cosa,
porque nunca
puedes entenderlo,
nunca te respondes
a todas esas preguntas.

Lo curioso
es que desde entonces
casi no he escrito sobre ello.

E incluso he tenido momentos
en los que he creído
comprenderlo y aceptarlo.

Pero en cambio,
un día,
te das cuenta de todo
lo que le echas de menos.

Y piensas en todo aquello
que podrías haber compartido,
en todo lo que te podría haber enseñado.

Piensas en toda esa música
que le habrías enseñado,
en todo lo que habríais vivido juntos.

Y es cuando caes en la cuenta
de que aún no ha pasado
el tiempo suficiente.

Aún sigues preguntándote
el por qué
de aquella vez.

Porque
es como empujar
la primera ficha del dominó.

Y hay que levantar
todo de nuevo.

Tienes
que caminar mucho tiempo
sin echar la vista atrás.

Hay que seguir adelante.

Y puede que no siempre sea fácil,
no siempre nos valemos
yendo solos.

Así que tal vez
jamás llegué ese momento
en el que nada importe.

Tal vez no deje de ser
una rueda que girando
de vez en cuando
te golpea
y te recuerda que te duele.

2 comentarios:

Cvalda dijo...

Ánimo...pero espero que nunca llegue ese "momento en que nada importe", porque siempre importará.

P.D.Me encanta el nuevo look de tu página ^^

Lejos del urbano ruido dijo...

Pues si señor. Inexplicable. Algo que pesa sobre todos. Primero en forma de temor remoto, difuso. De temor quizás inadvertido. Y luego como mazo de piedra. y hay queda, con pequeños golpes que persisten siempre. Aunque hasta a los golpes nos podemos acostumbrar, estos no dejan de serlo...


Y muy bien que en libros favoritos de tu perfil incluyas a Tomeo. Un satisfacción personal...!!!