jueves, septiembre 15, 2005


Aquella playa era mi paraíso, mi propio escondite. Vestido con pantalón blanco y camiseta a rayas paseaba en busca de las huellas abandonadas el año pasado. Por el paso del tiempo, toda la arena se encontraba llena de objetos que había traído la marea. Llamó mi atención un zapato, un zapato rojo de tacón utilizado a modo de mensaje de auxilio. En su interior encontré un collar de botones y una bolsa con canicas. Tras observarlo detenidamente durante un largo rato me dirigí al espigón, y tras escribir un poema en una de mis sandalias la arrojé al mar.

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